Zona de curvas

¿Enojarse o llorar con los concursos?

“Necesitamos fotos para la campaña publicitaria, organicemos un concurso y nos ahorramos el fotógrafo”

Con la masificación de la fotografía en los últimos años, los concursos se han extendido tanto en  número de participantes como en organizadores.  Quien se inicia en la fotografía, se ilusiona ante la posibilidad de volverse un poco más visible y comenzar a tener reconocimiento. Todo fantástico, suena muy bien para la fotografía en general, mayor participación, mayor difusión y en consecuencia se esperan fotografías de alto nivel.

No todo lo que brilla es oro…

“Contratar un fotógrafo es un gasto innecesario porque cualquiera pueda tomar una foto buena, es cosa de ver Instagram”.  
Lamentablemente son muchas las veces que quien organiza un concurso fotográfico en realidad necesita un stock para su trabajo publicitario y en lugar de contratar un fotógrafo profesional,  le resulta más rentable organizar un concurso con las temáticas necesarias. Más si se obtienen fondos de alguna entidad de cultura que lo financie, desde la promoción hasta los premios. ¿Perfecto no?

El secreto está en las bases

Cada vez son más los concursos cuyas bases contienen cláusulas abusivas hacia los fotógrafos. Pero claro, es una tendencia general no leer y solo atinar a preguntar “¿Hasta cuándo se pueden enviar las fotos?”
Citaré un par de ejemplos de concursos reales ya finalizados:
“Las fotografías ganadoras del concurso serán utilizadas y publicadas dentro del archivo fotográfico de Turismo Chile y/o Sernatur por un período de diez años….” “…Asimismo, durante este plazo, el fotógrafo no podrá hacer uso de las fotografías seleccionadas sin la autorización previa de Turismo Chile”
Tendrás que esperar una década para poder exhibir tu foto.
“La participación en el Concurso supone la cesión y autorización expresa de todos los derechos de propiedad intelectual y de imagen sobre las fotografías enviadas, de forma que el participante cede a MediaPubli, en exclusiva, con facultad de cesión en exclusiva a terceros, por todo el tiempo permitido por la legislación y para todo el mundo”,
Sea tu foto seleccionada o no, debes darle el beso de despedida antes de enviarla al concurso.

El proceso: Juntando peras con manzanas…

Suele ocurrir que en las bases no se especifique los criterios fotográficos de evaluación ni siquiera en temas tan básicos como el nivel de edición permitido
¿Cómo podrías evaluar una fotografía obtenido por medios puramente fotográficos contra una obtenida frente al computador? ¿Son comparables estar 3 horas esperando en un hide esperando la llegada de un ave contra tomar un ave en 5 minutos y luego estar 3 horas editando frente a un computador?  No hablamos aquí si un método es mejor o peor que el otro, son ramas diferentes y debieran ser separados como tal en las bases o al menos declararse qué cosas están permitidas y qué no.
Nada de lo anterior importa, el objetivo es recibir muchas fotos.

La justicia es ciega

Lamentablemente no todos los concursos cuentan con fotógrafos (de los que trabajan en manual) en sus jurados. Las fotografías son evaluadas normalmente por algún alto cargo de la entidad organizadora (muy válido por cierto), algún invitado y por encargados de marketing de la empresa. Develando el propósito original del concurso, obtener un stock de imágenes para que la organización los pueda utilizar a libre disposición por los próximos años, cuando quieran refrescarlas organizarán otro concurso.

Los premios

“Ganar el concurso debiera ser suficiente paga alimentándoles su autoestima.”
¿Había premio?, ah sí. Los financiados por la entidad de cultura o en su defecto algo que produzca la empresa organizadora. En algunos concursos reales encontramos lo siguiente:
El premio sorpresa:
“Los tres primeros lugares de cada categoría recibirán premios y se entregará un reconocimiento a 12 fotografías destacadas por categoría” (Museo del Mar Arica, 2015 y 2016)
No sabemos el premio, pero sí queda muy claro los derechos sobre la imagen.

La triste realidad fotográfica

Finalmente obtenemos escasa o nula participación de fotógrafos de alto nivel y dejando solo alguno que otro entusiasta sumados a la participación a quienes comienzan en este noble y mal ponderado arte. Los resultados ya no son tan alentadores y las mejores fotos de estos concursos no son como las que imaginamos al comienzo.
Tendremos que empezar a leer las bases para saber cuáles se interesan en la fotografía y cuáles en abastecer propósitos muy diferentes. Sobre todo si estos últimos son los que más circulan en nuestras más conocidas agrupaciones fotográficas.

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